Violencia en la escuela: compartiendo la búsqueda de soluciones

Autor: Alicia Pintus

Síntesis: Nuestra pretensión es analizar los fenómenos de violencia que se han hecho cotidianos en las instituciones educativas, para ofrecer alternativas de acción que puedan contribuir a generar soluciones factibles. Con ello aspiramos a que conocer las causas de este fenómeno de múltiples aristas nos permita encontrar elementos que aporten un buen resultado.

Se parte de una aproximación a la definición de violencia en el marco de las relaciones humanas, para recalar en la conceptualización del fenómeno en la institución educativa.

Por último, sugerimos algunas reflexiones que pueden resultar orientadoras para el docente, con el fin de encontrar alternativas y soluciones a este problema en el horizonte de posibilidades con el que efectivamente cuenta.


1. INTRODUCCIÓN

El titular del periódico nos informa que «atacó a golpes a la maestra que había retado a su hijo en un recreo». Se trata de una madre que tomó por el cuello a la docente de su hijo, y, en el aula, llena de niños, la tiró al suelo y le siguió pegando. Esta noticia y otras similares se multiplican. Si nos detenemos a rastrear las informaciones o a escuchar a los colegas docentes sobre las realidades de sus escuelas, muchas veces nos encontramos con discursos que, salvando la particularidad de la anécdota, coinciden con dificultades muy similares respecto al tema de la violencia: hablamos de alumnos que perturban el normal desenvolvimiento de las clases, que llevan armas a la escuela; de docentes golpeados y de docentes agresivos que denigran a sus estudiantes; de directivos que abusan de su poder; de edificios destruidos, de intimidaciones, de maltratos diversos, de climas hostiles, de burlas, de ironías. Asistimos a diario a tantas manifestaciones claras de violencia en distintos ámbitos de la vida cotidiana, que ya no nos sorprenden. A veces la violencia toma formato sutil, y está ligada a aplicaciones arbitrarias de normas injustas en instituciones que funcionan como máquinas de dominación, de deshumanización y de enfermedad.

Nuestra pretensión es analizar los fenómenos de violencia que se han hecho habituales en las instituciones educativas, para ofrecer alternativas de acción que puedan contribuir a generar soluciones factibles. Nos preguntamos por las causas, ya que aspiramos a que conocer este fenómeno de múltiples aristas nos permitirá encontrar elementos que aporten la solución.

En la historia de la educación la violencia no ha sido nunca algo que haya sorprendido demasiado. Hay constancias acerca de las prácticas educativas en las primeras civilizaciones, que indican que los castigos corporales eran un instrumento bastante generalizado y aceptado para inculcar disciplina sin cuestionamientos. A su vez, también parecían serlo las venganzas de los escolares. Así lo señalan historiadores de la educación como Mario Alighiero Manacorda, que rastrea en los textos de la época clásica las descripciones de las costumbres de los correctivos físicos usados por los maestros, y las venganzas de los discípulos que no hesitaban en golpear o en romperles la cabeza a sus antiguos maestros. También destacan como comunes las indisciplinas, la aversión y el aburrimiento de los alumnos, como correlato frente a los ásperos regaños y a los golpes de la fusta, el «cetro» de los maestros.

Este sigue siendo un fenómeno generalizado, aunque quizás hoy nos preocupe más, dado que ha tomado perfiles inéditos por la irracionalidad que lo caracteriza. Vivimos en una sociedad violenta, en la que la agresión penetra y corroe todos los intersticios del tejido social. Como era previsible suponer, se ha trasladado también a los espacios físicos de la escuela. Sin embargo, definir la violencia a partir de su localización geográfica puede resultar insuficiente e improductivo a efectos de hallar soluciones.

Suele considerarse que la violencia que se produce en la escuela es el resultado de una agresividad social extendida, que desborda todos los ámbitos particulares y recala en las instituciones educativas. Tal razonamiento es incompleto. Es cierto que la sociedad se refleja en la escuela, y, en ese sentido, se puede considerar como una caja de resonancia de lo social. Esto puede contribuir a comprender lo que pasa, pero no es suficiente, porque el fenómeno que estamos analizando es muy complejo. Además, enfocar las causas exclusivamente desde fuera de la institución no podrá brindarnos elementos que estén a nuestro alcance para intentar modificarla.